Comisión de Tercera Edad

Tras largos años de discapacidad, las personas sordociegas  llegan a la Tercera Edad siendo personas muy vulnerables. El aislamiento de estas personas muchas veces se acentúa con el paso de los años y el deterioro de la salud, situación agravada por la discapacidad sensorial que supone la Sordoceguera y los problemas de comunicación y barreras

El principal problema de las personas sordociegas mayores es la soledad y el aislamiento. Algunas se encuentran recluidas en residencias donde esta situación de soledad se acentúa ante la carencia de iguales o de otras personas con las que poder comunicarse. Las personas oyentes muchas veces no tienen tiempo o no saben cómo tratar a estos ancianos.
Otras viven con familiares, pero estos tienen otras prioridades y preocupaciones y la persona mayor sordociega, por no ser una carga, calla y permanece encerrada en casa sin exigir ni demandar atención. Todo esto hace que la energía, la motivación y las ganas de vivir vayan a menos, se sientan deprimidos, tristes o se encierren en sí mismos, dejando de interactuar con el entorno y limitándose a cubrir sus necesidades más básicas: comer, dormir, asearse, etc…

El objetivo principal de esta Comisión es lograr que las personas sordociegas mayores se sientan parte de la sociedad y quieran participar en ella, que recuperen las ganas de vivir y hacer cosas y que se sientan personas útiles y capaces, logrando así mejorar su calidad de vida.

Para ello se trabaja en conseguir los siguientes objetivos:

  • Organizar actividades dirigidas a las personas mayores sordociegas, sobre todo actividades de ocio y esparcimiento.
  • Darles la oportunidad de salir de las residencias o de sus casas para pasear con otras personas mayores y establecer lazos afectivos y emocionales.
  • Darles la oportunidad de disfrutar de un tiempo solo para ellos e interactuar con otras personas sordociegas mayores.
  • Ser tratados con paciencia, amabilidad, cariño y respeto.
  • Tener personas de referencia en las que confiar y a las que poder dirigirse para expresar sus miedos, inquietudes, o simplemente hablar de sus experiencias vitales.